Cuando un
español llega a Suecia, una de las primeras preguntas que se hace es ¿aquí como
se liga, compitiendo con el producto nacional? Aquí van algunas indicaciones
sobre los puntos fuertes y los puntos débiles que un español cualquiera tendrá
en este país, para que sepas qué cualidades explotar y qué cualidades necesitas
mejorar para triunfar en la Stockholm’s Nightlife.
A tu favor
jugarán:
- La apariencia. Afrontémoslo: lo exótico gusta. En españa las suecas, altas, rubias, blanquísimas y despampanantes, han sido objeto de deseo desde los años 60 y las películas del destape. Si en España gusta el tipo nórdico, allí gusta el mediterráneo. Pelo oscuro, ojos oscuros, piel más tostada, pelo en pecho (sin pasarse, claro)… Muchos suecos se han vuelto demasiado metrosexuales, y las suecas se desviven por un “macho ibérico” :D
- El idioma. Si estás con más españoles, seguro que hablas en español (es lo que hacemos, somos así). Eso implica que hablarás más alto (sí, hablamos a voces) y la gente se dará cuenta de que eres español. La cultura española tiene buena prensa en los países escandinavos, así que al menos tendrás garantizada la atención del sexo opuesto y una buena cantidad de temas de conversación, como por ejemplo por qué te niegas a preparar sangría en un país como Suecia.
- El acento. Si tu nivel de inglés es aceptable, lo más probable es que aún así conserves un ligero acento español, muy reconocible cuando todo el mundo en el país habla inglés con un acento determinado y distinto al tuyo. Como indico en el puto anterior, lo exótico gusta..
- El alcohol. Las bebidas alcohólicas forman parte de la cultura española, por lo que un español está acostumbrado a beber socialmente. Un español bebe para socializar, entre amigos, para pasárselo bien. Por el contrario, un sueco bebe para emborracharse. Punto. Probablemente es un remanente cultural de principios del siglo XX, cuando las empresas suecas pagaban a sus empleados con dinero y con vodka.
- La sociabilidad y caballerosidad. En general los suecos son más bien fríos y pasotas, y esto se refleja en las relaciones con el sexo opuesto. La caballerosidad brilla por su ausencia: no sujetan las puertas, no invitan a sus citas a cenar, no tienen gestos con su pareja… Aunque las suecas tengan fama de independientes y feministas, no quiere decir que no aprecien un gesto de caballerosidad de vez en cuando ni que no les guste que les traten bien.
En contra
vas a tener:
- El idioma sueco. Aunque el idioma español guste, las suecas en general no hablan español más allá de “una servesa por faguor”. Algunas no hablan inglés súper bien. Por supuesto se sienten mucho más cómodas y seguras hablando su lengua materna, por lo que no hablar sueco limitará un poco tus opciones: cuando no hablen directamente contigo, las suecas pasarán automáticamente a su idioma, con lo que no te enterarás ni del NO-DO y te será difícil seguir el hilo de las conversaciones.
- El físico. Vale, los suecos son demasiado metrosexuales. Pero siguen siendo suecos. Eso quiere decir que serán rubios, altos, atléticos y en el caso de estocolmo unos fanáticos del gimnasio y el ejercicio. El tema de la altura es especialmente preocupante: en general una mujer prefiere a hombres más altos que ella, y como las suecas no son precisamente bajitas puede que esto nos limite las opciones.
- La cultura del ligue. En España nos hemos acostumbrado a invertir mucho tiempo y esfuerzo para conseguir a la mujer que queremos, porque nos lo ponen difícil. Hay que estar días “a pico y pala” e ir poco a poco, diseñando la estrategia con precaución. En Suecia es totalmente distinto y mucho más aleatorio. Te acercas, hablas, le invitas a una ronda, te invita a otra ronda y después de un rato ya lo tienes hecho. Un español tarda en acostumbrarse, las primeras veces piensas “un momento, esto es demasiado fácil… aquí hay gato encerrado”. Años y años de condicionamiento jugarán en tu contra, y tu instinto se volverá en tu contra en muchas situaciones.
Resumiendo:
si eres extranjero (español), atento y sabes hablar con las mujeres ya partes
con ventaja. ¡No la desaproveches!