En mi modesta opinión Estocolmo es una de las capitales más bonitas del planeta y una de las ciudades de mayor calidad de vida. Dicho esto, Estocolmo también tiene sus pegas, como el peculiar sistema de colas para acceder a una vivienda que convierten a cualquiera no nacido en Estocolmo en poco menos que un paria, suecos incluidos. Después de varios años viviendo en esta ciudad he desarrollado una teoría propia sobre cuál es el estado ideal al que puede aspirar alguien que reside en Estocolmo y qué es necesario obtener para alcanzar ese estado que yo llamo la tríada sueca.
¿Qué elementos componen la tríada sueca, ese estado de felicidad y realización plena que convierten a cualquier habitante de Estocolmo en un ser rebosante de felicidad y paz interior? Como su nombre indica, la tríada sueca se compone de tres elementos: piso, trabajo y novia.
Ya sé, ya sé. Menuda gilipollez, ¿no? Eso es lo que quiere tener todo hijo de vecino viva en Estocolmo, Madrid o Ciudad del Cabo. Cierto, el estado final es el mismo. Pero el proceso para llegar hasta ahí cambia una barbaridad, sobre todo en las primeras etapas. Aquí es donde entra en acción la peculiaridad de la tríada sueca: si no tienes al menos una de esas tres patas del trípode estás bien jodido, mientras que tener una facilita enormemente la obtención de las dos restantes. Dicho de otro modo, es difícil conseguir una, pero cuando lo consigues las otras dos casi caen por su propio peso.
Y no, no ocurre igual en otras ciudades. Gran parte de culpa de que Estocolmo sea diferente se debe al estúpido mercado inmobiliario y a la relación existente entre buscar piso y tener trabajo o novia. El mercado de la vivienda es un mercado de vendedores, un sellers' market, como hay más demanda que oferta siempre hay tortas por conseguir un alquiler de segunda mano, no digamos un alquiler de primera mano o una casa en propiedad. El casero siempre estará en disposición de elegir de entre varios candidatos en un proceso que a veces recuerda a operación triunfo: no basta con ser el mejor (poder pagar la mensualidad), sino que hay que parecerlo (referencias de caseros previos, prueba de contrato de trabajo, número de seguridad social sueco, hablar sueco…) Tener trabajo no sólo ayuda, sino que además te permite acceder a bolsas de vivienda especiales para empresas, donde el alquiler será un poco más alto pero la competencia será menor y los pisos tendrán una calidad ligeramente superior.
¿Y la novia? Pues tener novia ayuda también, porque siendo dos podréis mirar apartamentos de mayor tamaño que a una sola persona se le irían de presupuesto. Si además consigues echarte una novia de Estocolmo entonces te habrá tocado el premio gordo, porque eso implica que está apuntada en una de esas listas de espera interminables para acceder a una vivienda en propiedad desde el día que nació, por lo que o ya tiene casa propia (chollazo) o estará a punto de tenerla y buscando a la persona adecuada (tú) para tener una vida en pareja.
Si no tienes ni trabajo ni novia pero has conseguido pasar de vivir debajo de un puente a vivir bajo techo entonces te será más sencillo buscar trabajo y terminar encontrando a tu media naranja sueca. ¿Por qué? Principalmente porque todo el tiempo (horas y horas) que dedicabas a buscar casa ahora lo podrás emplear en buscar trabajo y en salir más, y todo el estrés acumulado que tenías al llevar ni se sabe cuántos días vagando de aquí para allá entre moteles y bed&breakfasts (ver mi experiencia personal aquí) habrá desaparecido de la noche a la mañana, haciendo que seas una persona más sociable y más “normal”. Cualquiera que no haya experimentado la pesadilla de la vivienda sueca pensará que estoy exagerando. Ni mucho menos. Un par de semanas de infructuosa búsqueda de vivienda te deja emocionalmente para el arrastre, con un nivel de estrés acumulado que ni los brokers de Wall Street. El trabajo y la novia llegarán, sólo tienes que darle un poco de tiempo.
Desde fuera puede parecer que mi reflexión es una exageración, que esta “tríada” existe en cualquier ciudad del mundo y que no es una peculiaridad de Estocolmo. Para nada. Lo que sí es cierto es que este post termina siendo una crítica (una más) a la insostenible situación del mercado inmobiliario en la capital de Suecia. Porque con tanta igualdad, tanto progreso y tanta gaita parece mentira que pase lo que pasa.
Quizás te interese leer:
- Encontrar piso en Estocolmo
- La vivienda en Estocolmo: pesadilla sin fin (vivienda de alquiler)
- La vivienda en Estocolmo: pesadilla sin fin (vivienda libre)
- La situación de la vivienda en Estocolmo: mi experiencia
- Mis primeros días en Estocolmo y el infierno de encontrar un piso
Shocks culturales de un español en Estocolmo: Vivir en Suecia - trabajar en Suecia - Ligar en Suecia
Mostrando entradas con la etiqueta hacer cola estocolmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hacer cola estocolmo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 2 de mayo de 2012
viernes, 11 de noviembre de 2011
Shock cultural: colas por doquier
Esta afirmación se presta a chistes fáciles, pero no por ello deja de ser cierta: a los suecos les encantan las colas. Esto es, en Suecia harás colas para todo, no importa la hora, el lugar ni el motivo. De hecho, si ves a un sueco esperando en la parada de autobús, está haciendo una cola de una sola persona lo parezca o no. Y más te vale situarte detrás suyo o al menos en una poslición tal que quede claro que él va antes que tú.
Parece que los suecos son igual de maníáticos del orden que los alemanes, o incluso más. Ni esquí de fondo, ni fitness: hacer cola es el deporte nacional, y está todo tan organizado que probablemente tengas que coger un número y esperar en los sitios mas insospechados. Esta manía por el orden puede deparar a un extranjero situaciones insospechadas como:
¿Quién da la vez?
Sí, yo también lo he pensado: trastorno obsesivo-compulsivo. Para un dependiente sueco, un cliente que no haya sacado número es como un fantasma, un ser etéreo que no pertenece a este mundo y con el que no se debe establecer contacto a menos que lleve a cabo el ritual de pulsar un botón y coger un número, momento en el que ese ser translúcido pasa a pertenecer a la categoría de personas de carne y hueso con derecho a ser atendidos. ¿Exageración? Para nada. La capacidad de ninguneo de un dependiente sueco a cualquier cliente que no tenga número es infinita.
Por supuesto, las colas siempre requieren coger número. Olvídate del castizo “quién da la vez”, en este país hacer cola sin emplear una forma escrita de confirmación (un papel con tu número) se consideraría sacrilegio, y puede que te encarcelen por alteración del orden público.
La creencia más extendida es que en Suecia se hacen muchas colas porque los suecos son fanáticos del orden. Yo he desarrollado una explicación mejor: sin orden y colas la sociedad sueca se hundiría en el caos y la anarquía. La mejor demostración es el metro de Estocolmo, el unico lugar de Suecia que conozco donde no se hacen colas. Acceder a un vagón de metro es una auténtica locura, y en hora punta la gente lucha por colarse delante de ti como si el vagón de metro fuera el último bote salvavidas del Titanic. Da igual que el vagón esté vacío, la gente ha activado el modo “metro en hora punta” por lo que la estación se ha convertido en un todos contra todos. Si extrapolas este comportamiento al resto de situaciones de la vida cotidiana, Suecia como país no duraría ni dos telediarios.
- Entras a un banco y no hay nadie. Te acercas al mostrador, das los buenos días y comienzas a hablar sobre las gestiones que quieres realizar. La cajera te mira con cara de “no te estoy prestando la más mínima antención” mientras te dice que tienes que coger un número. Es entonces cuando a) miras en derredor para cerciorarte de que en el banco sólo estás tú y los trabajadores, b) vuelves a mirar a la cajera para asegurarte de que habla en serio y c) coges número porque no te queda otra.
- Entras a una tienda de telefonía y no hay nningún cliente. En los diez segundos que tardas en acercarte al mostrador, entra alguien detrás de ti. Mientras preguntas al dependiente el precio de una tarjeta SIM de prepago, escuchas la musiquita de “número XX” y ves cómo el dependiente pasa olímpicamente de ti y centra su atención en el caballero que acaba de sacar un número y que evidentemente ha entrado detrás de ti. Sintiéndote tan impotente como Nicole Kidman al final de Los Otros, vas a por un número para adquirir el derecho a ser atendido.
- Entras a una tienda dispensadora de abonos de metro. Coges número porque has aprendido la lección, y esperas religiosamente tu turno. Cuando te toca, buscas el número de mostrador correspondiente con la mirada y te encaminas hacia él. En los cinco segundos que tardas en acercarte el cajero ansioso ha pulsado el botón otra vez pasándole el turno al siguiente cliente que por arte de magia se materializa en el mostrador antes que tú. Lo has hecho todo bien y aún así no consigues tu objetivo: ser atendido. El dependiente te dice que lamentablemente se te ha pasado la vez y tendrás que coger número de nuevo. Le haces caso. ¿Qué vas a hacer si no?
¿Quién da la vez?
Sí, yo también lo he pensado: trastorno obsesivo-compulsivo. Para un dependiente sueco, un cliente que no haya sacado número es como un fantasma, un ser etéreo que no pertenece a este mundo y con el que no se debe establecer contacto a menos que lleve a cabo el ritual de pulsar un botón y coger un número, momento en el que ese ser translúcido pasa a pertenecer a la categoría de personas de carne y hueso con derecho a ser atendidos. ¿Exageración? Para nada. La capacidad de ninguneo de un dependiente sueco a cualquier cliente que no tenga número es infinita.
Por supuesto, las colas siempre requieren coger número. Olvídate del castizo “quién da la vez”, en este país hacer cola sin emplear una forma escrita de confirmación (un papel con tu número) se consideraría sacrilegio, y puede que te encarcelen por alteración del orden público.
La creencia más extendida es que en Suecia se hacen muchas colas porque los suecos son fanáticos del orden. Yo he desarrollado una explicación mejor: sin orden y colas la sociedad sueca se hundiría en el caos y la anarquía. La mejor demostración es el metro de Estocolmo, el unico lugar de Suecia que conozco donde no se hacen colas. Acceder a un vagón de metro es una auténtica locura, y en hora punta la gente lucha por colarse delante de ti como si el vagón de metro fuera el último bote salvavidas del Titanic. Da igual que el vagón esté vacío, la gente ha activado el modo “metro en hora punta” por lo que la estación se ha convertido en un todos contra todos. Si extrapolas este comportamiento al resto de situaciones de la vida cotidiana, Suecia como país no duraría ni dos telediarios.
Etiquetas:
colas en estocolmo,
colas en suecia,
hacer cola,
hacer cola estocolmo,
hacer cola suecia,
los suecos y las colas,
Shock cultural,
shock cultural suecia
Suscribirse a:
Entradas (Atom)